Inquietudes Bárbaras, por Luis García Montero

En la flotilla humanitaria masacrada por el ejército de Israel viajaba un superviviente del Holocausto. Es una metáfora, pero sacada de la realidad. Las mejores metáforas nos llegan siempre de la realidad.
Hitler fue un canalla no exactamente por matar judíos, sino por exterminar seres humanos fuese cual fuese su condición. Israel lleva años comportándose en Gaza con la misma indignidad que Hitler sobre un millón y medio de seres humanos.
El mundo real grita y el mundo oficial calla. Muchos ciudadanos de Israel apoyan a su gobierno, como hicieron muchos ciudadanos alemanes con Hitler. Barack Obama, premio nobel de la paz, evita en el Consejo de Seguridad una condena dura de la nueva masacre de Israel. ¿Qué podemos hacer para no sentir asco de nosotros? Pues acordarnos de ese superviviente del nazismo que navega hoy en un barco de paz rumbo a Gaza. Escribió Luis Cernuda que un solo hombre digno es testimonio de la dignidad de todo el género humano. Cada uno es responsable de su conciencia. Conviene recordarlo.


La pasión de Cristo en el Calvario fue una experiencia extrema de soledad. Está demostrado que para embarcarse en un sueño colectivo, conviene primero aprender a quedarse solo. Pienso en la soledad de los nacionalistas decentes (¡los habrá!) de Chechenia que sufren el horror provocado por los terroristas chechenos. Pienso en los norteamericanos decentes que sufren cada vez que el imperio bombardea una ciudad. Pienso en los judíos decentes que sufren los crímenes de Israel. Pienso en los cubanos decentes que soñaron con una revolución y sufren una huelga de hambre y una cárcel. Y pienso en los votantes decentes del PP cuando miran a Madrid, Valencia, Galicia, Castilla y León, Baleares y Washington y ven que su partido es una inmensa trama de corrupción, mentiras, demagogos y medallas falsas. Que sigan pensando en votar a los suyos, si pueden, en días como hoy.