Inquietudes Bárbaras, por Luis García Montero

Las tijeras se han convertido en un utensilio imprescindible en los hogares españoles. Se anuncian recortes en nuestra vida y la euforia se apodera de los mercados, y todos nos ponemos contentos. Las tijeras son la metáfora de que nos hemos acostumbrado a vivir con una moral que no tiene que ver con nuestros principios, sino con los bancos que ayer elevaron sus acciones un 20%. Las tijeras hablan de la fuerza del Estado. Aunque hablamos mucho de la desaparición del Estado en el neoliberalismo, en realidad el Estado existe, y se convierte en unas tijeras cuando cae en las manos del poder económico. El sistema parace tener dos horizontes muy amigos: el enrequecimiento ilegal de los bribones, como los corruptos del caso Gürtel, y las tijeras al servicio de la avaricia legal del capitalismo. Mientras la alta economía va con chaqueta y corbata, la vida de los ciudadanos tiene los calcetines rotos. Y eso se debe, sobre todo, a que las tijeras están recortando nuestros principios éticos, nuestros deseos de protección democrática. Deberíamos atrevernos a coser el futuro, pero con una aguja humana. Las tijeras pueden dedicarse a recortar beneficios y movimientos especulativos para defender los amparos públicos.