Inquietudes Bárbaras, por Luis García Montero

Ya que estamos con las tijeras, ya que se les está pidiendo a los ciudadanos sacrificios, podríamos pedirle a los políticos que recortaran sus humos, para que la crispación y las mentiras fuesen unas víctimas más de esta crisis. En situaciones difíciles, conviene hacer las cuentas con sinceridad, y doña crispación necesita aprender a limitar sus inversiones demagógicas. El PP debería dejar de presentarse como el partido de los trabajadores y Mariano Rajoy sería más honrado si no hiciese electoralismo con las pensiones. Tenemos derecho a pedirle que sus palabras se correspondan con su programa real y que su postura ante las medidas gubernamentales se corresponda con las exigencias de los últimos meses. No pude aparecer como escandalizada de los daños del neoliberalismo la misma voz que ha exigido medidas neoliberales. Y José Luis Rodríguez Zapatero debería dejar de ser unas siglas (ZP) o una caricatura (Zapatero), para recuperar su nombre (José Luis), su rostro humano, y hacer confesiones políticas que compensen su antiguo optimismo. Debe dejar de ser un gestor neutro y explicarnos qué tipo de sistema social injusto, y de Europa injusta, y de mundo injusto, le han obligado a asumir estas medidas. Así podríamos volver a creer un poquito en la política, sólo un poquito.


Las tijeras se han convertido en un utensilio imprescindible en los hogares españoles. Se anuncian recortes en nuestra vida y la euforia se apodera de los mercados, y todos nos ponemos contentos. Las tijeras son la metáfora de que nos hemos acostumbrado a vivir con una moral que no tiene que ver con nuestros principios, sino con los bancos que ayer elevaron sus acciones un 20%. Las tijeras hablan de la fuerza del Estado. Aunque hablamos mucho de la desaparición del Estado en el neoliberalismo, en realidad el Estado existe, y se convierte en unas tijeras cuando cae en las manos del poder económico. El sistema parace tener dos horizontes muy amigos: el enrequecimiento ilegal de los bribones, como los corruptos del caso Gürtel, y las tijeras al servicio de la avaricia legal del capitalismo. Mientras la alta economía va con chaqueta y corbata, la vida de los ciudadanos tiene los calcetines rotos. Y eso se debe, sobre todo, a que las tijeras están recortando nuestros principios éticos, nuestros deseos de protección democrática. Deberíamos atrevernos a coser el futuro, pero con una aguja humana. Las tijeras pueden dedicarse a recortar beneficios y movimientos especulativos para defender los amparos públicos.