Inquietudes Bárbaras, por Luis García Montero

El lenguaje no es neutro y las frases de la política se meditan bien. Cuando nos dicen que el Gobierno debe hacer los deberes para aprobar el examen de Europa, nos sugieren varias cosas a la vez. Primero: que el gobierno es un niño sin otro poder que el de aprenderse la lección. Dos: que las exigencias de los bancos son una verdad científica. Tres: que aunque no guste, se debe estudiar. Y cuatro: que formamos todos una gran familia con derecho a buenas vacaciones y sin asignaturas pendientes. Hay quien piensa, sin embargo, que el Gobierno de los políticos debería tener más autoridad. Que las exigencias de los bancos y los mercados no son leyes científicas, sino intereses particulares y avarientos. Que el compromiso no debe hacerse con la riqueza del mundo, sino con la pobreza. Y que no conviene irse de vacaciones familiares con Ángela Merkel y Díaz Ferrán. Por eso es justo que al gobierno le quede la asignatura de su reforma para septiembre. Estamos suspensos.