Inquietudes Bárbaras, por Luis García Montero

La pasión de Cristo en el Calvario fue una experiencia extrema de soledad. Está demostrado que para embarcarse en un sueño colectivo, conviene primero aprender a quedarse solo. Pienso en la soledad de los nacionalistas decentes (¡los habrá!) de Chechenia que sufren el horror provocado por los terroristas chechenos. Pienso en los norteamericanos decentes que sufren cada vez que el imperio bombardea una ciudad. Pienso en los judíos decentes que sufren los crímenes de Israel. Pienso en los cubanos decentes que soñaron con una revolución y sufren una huelga de hambre y una cárcel. Y pienso en los votantes decentes del PP cuando miran a Madrid, Valencia, Galicia, Castilla y León, Baleares y Washington y ven que su partido es una inmensa trama de corrupción, mentiras, demagogos y medallas falsas. Que sigan pensando en votar a los suyos, si pueden, en días como hoy.


¿Te imaginas qué pasaría si el predidente de la Generalitat quisiera expulsar de España a Extremadura por no cumplir un programa económico? Las declaraciones de Ángela Merkel sobre Grecia, la austeridad y el déficit debieran hacernos pensar sobre la Europa que estamos construyendo, con 15.000 ejecutivos de lobbys en Bruselas al servicio de las multinacionales y muy poca solidez política en defensa de los ciudadanos. Es un disparate fundar la moneda única y no responsabilizarse de una fiscalidad equilibrada y común. Los tiburones no reconocen fronteras y no les hace falta cantar La Internacional para ser internacionalistas. Sin embargo, los que cantan La Internacional en sus congresos no se atreven todavía a buscar una respuesta  internacional a la especulación globalizada. Y así nos va, en días como hoy.