Inquietudes Bárbaras, por Luis García Montero

En este día de diciembre del año 2025, quiero hacer una confesión. Yo soy el autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Alguna gente se empeña en afirmar que esta obra fue escrita por Miguel de Cervantes. Pero eso es un invento de la policía. Hoy el cielo de España ha amanecido sobrecargado de nubes. Pero no se preocupen por los paraguas, ni por la gente que se moja, porque la lluvia es un invento de la policía. Nunca hubo en España una guerra civil, ni una dictadura con crímenes que merezca la pena investigar. El año 1936 es una invención del juez garzón y de la policía. Las opiniones de los jueces de este país siempre son científicas, nunca son interpretaciones, no hay debates sobre la manera de entender las leyes. Por eso hay que criminalizar y convertir en delincuente al juez que interpreta a su manera una ley. Es un prevaricador, como yo soy el toro que mató a Manolete, tralará. Yo soy la Esperanza que destapé la corrupción, tralará. El PP es incompatible con la corrupción, tralará. En España no se está dando un espectáculo bochornoso en contra de los logros de la justicia internacional y de la persecución de los genocidios, tralará. Vamos todos a contar mentiras, tralara. La mentira se disuelve en la boca del mentiroso, pero permanece como una espesa contra de miseria y humillación en el país que la soporta.


Estamos acostumbrados a pensar que todos los problemas tienen solución, pero no es así. ¿Qué se puede hacer con las corrupciones que afectan a un partido tan importante como el PP? Rajoy era el íntimo amigo de Matas, a quien ponía de modelo, después de veranear con él. Su otro amigo, su compañero ministro Zaplana, confesó un día que estaba en política para forrarse. Los tres pertenecieron a un Gobierno que aprobó medidas precisas para que España se convirtiera en una burbuja inmobiliaria, la misma que al estallar ha acentuado el paro y la crisis en España. Ellos acabaron el sistema producctivo que había empezado Felipe González con sus invitaciones al pelotazo. Así que representan un modelo de financiación pública y privada. Unos se forran, otros sufren. Pobre modernidad. Lo único lógico sería la dimisión a la vez de Rajoy, Camps y Esperanza Aguirre, distintas caras de una misma lógica oficial o partidista, basada en la financiación ilegal y en el neoliberalismo desalmado. Pero esas dimisiones no son previsible, ni siquiera parecen posibles. Nos tratan como niños y luego se autoaplican una particular ley del menor. Así que los españoles deberemos acostumbrarnos a la crisis negra, la corrupción, el dinero ilegal y a pensar mal de la política. Pobre política.